Historia de la Ovnilogía en Uruguay

El 25 de septiembre de 2007, referente al estudio de los Ovnis en Uruguay, publiqué un artículo del diario La República (pueden verlo aquí).

El texto comenzaba diciendo que "las investigaciones de objetos no identificados en el cielo uruguayo se desarrollan desde hace 28 años" y luego, explicaba que "fue en la década de los setenta que la Fuerza Aérea Uruguaya fundó una comisión conformada por civiles y militares con dicho objetivo".

Así nacía CRIDOVNI (Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores No Identificados), para encargarse de "las reiteradas denuncias de particulares sobre la observación de extraños fenómenos en el cielo".

Se comentaba también la cantidad de casos procesados y aquellos que aún hoy no tienen explicación, además de dar un teléfono para hacer este tipo de denuncias.

Los integrantes entrevistados fueron: el teniente coronel Ariel Sánchez, el capitán aviador Marcos Temesio y Carlos Pérez Lavagnini.

Lamentablemente, parte de la información presentada en el artículo es falsa por lo que opté por eliminarlo.

Agradezco enormemente al Lic. Milton W. Hourcade, quien amablemente me escribió un mail contándome como se desarrolló todo el tema en Uruguay:

"Mi amigo, la Ovnilogía en Uruguay, creada desde el CERO, hecha a corazón y pulmón por gente realmente extraordinaria, comenzó el 29 de abril de 1958 cuando se fundó en Montevideo el Centro de Investigación de Objetos Voladores Inidentificados, CIOVI.

Este Centro -si bien en los años recientes disminuyó su actividad por la práctica ausencia de denuncias de OVNI- sigue estando en el país, y desde sus comienzos, buscó y mantuvo una relación con la Fuerza Aérea Uruguaya.

Con el correr del tiempo, hubo gente que no se adaptó al trabajo del CIOVI -un trabajo en equipo, conceptos científicos, racionalidad- y prefirió crear sus propias instituciones. Así surgió CIFE, y luego incluso hubo gente que no se entendió con CIFE y creó el CIFAE. Ninguno de esos pudo competir en cantidad de casos investigados ni en calidad de investigación y estudio con el CIOVI.

Pero fue gente de esos centros la que en pleno gobierno militar, propuso a la F.A.U. crear una comisión oficial. Así surgió la CRIDOVNI a la que te refieres en tu Blog.

CIOVI fue llamado posteriormente a integrarla. La integró por un tiempo y la dejó por serias discrepancias de criterios de investigación y analíticos.

Mientras que CIFE y CIFAE se disolvieron, CIOVI siguió siendo tal hasta el día de hoy, y el próximo 29 de abril celebraremos nuestro 50 aniversario.

De modo que ese es el tiempo y ahí es cuando surgió la Ovnilogía en Uruguay."

Incluso, se ofreció a darme más información y a contactarme con la gente del CIOVI.

Efectivamente, pude comprobar la veracidad de todo lo que dijo, además de enterarme que es fundador e integrante del Consejo Directivo del CIOVI, licenciado en teología, reconocido ovnílogo y autor de algunos libros.

Pido disculpas, no solo a Milton y a todos aquellos que integran el CIOVI, sino también a los que leen el Blog.

En honor a la verdad y a la responsabilidad creí más que necesario dar esta explicación.

Para aquellos que quieran informarse más sobre el tema, les recomiendo la página oficial del CIOVI, especialmente la extensa entrevista hecha por el periodista uruguayo Angel DeVitta a Hourcade.

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Investigación Bíblica


Los invito a visitar mi nuevo Blog presionando aquí o en la imagen.

La idea es que, a través de información y estudios objetivos, podamos acercarnos un poco más a la luz de la verdad sobre la Biblia. Espero resulte interesante y les guste.

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La leyenda del Golem

En el folklore medieval inspirado en la tradición mística hebrea, el término "Golem" designa a un embrión que aún debe expresar sus potencialidades. Las leyendas lo presentan como un ser creado artificialmente, mediante prácticas mágicas.


En Salmos 139:16 hallamos el término gomy, con el significado de "mi embrión". Según las fuentes hebreas de Europa oriental, esta criatura modelada de arcilla roja como Adán (del sumerio Dam, que significa rojo y Adama, o arcilla), cobra vida sólo cuando su creador inscribe el nombre de Dios en su frente.

En una leyenda medieval se relata que el filósofo Solomon Ibn Gabirol logró crear una joven Golem, a la que podía dar vida escribiendo la palabra clave en su frente, pero la redujo a polvo al borrar el nombre por el temor de ser acusado y condenado por brujería.

En el relato El Golem de Chelm se aborda el mismo mito, auténtico antecedente judío del famoso tema de la criatura del Dr. Frankenstein. En esta ocasión, el rabino Elijah -responsable de haber animado a la criatura- también se ve obligado a borrar la palabra Dios de la frente del Golem que creó, ante la furia destructiva que se apoderó de ésta cuando se volvió contra el pueblo judío.

Pero tal vez la tradición más conocida que hace referencia al Golem tiene como protagonista a un judío de Praga -el rabino Loew-, que habría creado uno en el siglo XVI con el fin de proteger a los hebreos de las persecuciones de que eran objeto.

Sin embargo, más allá de todas estas leyendas y relatos populares que lo presentan como una criatura monstruosa, probablemente estamos ante una historia elaborada con un objetivo mucho más ambicioso y noble: explicar y transmitir los más recónditos y secretos principios del misticismo y del hermetismo hebreo.

Algunos autores ven en este mito un complejo simbolismo alquímico, cuyas huellas se remontarían incluso hasta el Génesis bíblico. Criatura en estado "embrionario", animada por el ser humano mediante fórmulas mágicas secretas, el Golem sería una alegoría del hombre "durmiente" prisionero de la materia, que esta condenado a ser un "autómata" hasta reconocer en sí mismo su naturaleza divina y "despertar" a la auténtica realidad y a la vida del espíritu.

El mito del Golem realiza, por lo tanto, el anhelo ancestral del Hombre de convertirse en Dios-Creador. A imagen de cómo Dios crea al hombre, el rabino modela el Golem y, como el alquimista, al imitar al Creador también él desarrolla sus propias potencialidades como ser divino.

Roberto Volterri.

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La vida según Oscar Wilde



Pocas vidas —y pocos finales— son tan novelescos como el de Oscar Wilde.

Nacido en Dublín en tiempos de rigidez victoriana, en 1854, supo representar su papel de artista aun en los momentos más trágicos. Practicó el arte de la conversación, a la manera de los griegos. Aprendió que Grecia no es una época en la historia sino una idea y se dedicó a deleitar con un clavel verde en la solapa de su levita y con poesías. La historia de la literatura no sabe de otros autores de su encanto, de su magia verbal y espontánea. Esteta y dandi, amante de todos los excesos, hizo de su vida una auténtica obra de arte. Vida y obra son inseparables para él: sus epigramas y sus chaquetas de terciopelo fascinan tanto como sus piezas teatrales de salón, sus cuentos infantiles y su única novela, El retrato de Dorian Gray (1890). La cárcel y la ignominia lo acechaban tras la esquina, mientras pasaba más y más tiempo en compañía de muchachos de baja reputación. “He puesto —confesó Wilde tras su condena— todo el genio en mi vida, y sólo el talento en mi obra”. Quizá por ello mismo sus más bellos poemas y cuentos parecen ser aquellos que nunca escribió, aquellos que prefirió confiar con voz impostada y sugerente a auditorios reducidos.

En La decadencia de la mentira (1889), Wilde sentencia: “La vida, la mísera vida, verosímil y sin interés, reproduce las maravillas del arte”.

La rara virtud que Borges atribuye a todas las ficciones del irlandés es aplicable a aquel provocador ensayo como a ninguna otra de sus brillantes creaciones. “Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde —escribe Borges—, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y elemental de que Wilde, casi siempre, tiene razón”.

Acaso Oscar Wilde se halla obligado a ajustarse a su propia sentencia cuando renuncia a escapar, del modo que todos deseaban. Tras su condena, no había ningún interés en hacerla efectiva. La justicia ya estaba satisfecha. Le dejan la noche, confiando en que huirá a Francia. Wilde no quiere aprovechar esa ventaja y es arrestado a la mañana siguiente. Tras la gloria y los excesos, sólo le queda conocer el otro lado del jardín, tal como le explica a su amigo André Gide. El único final posible para una buena novela es siempre el más trágico.

Los sucesos se precipitaron cuando el Marqués de Queensberry, padre de Lord Alfred Douglas, su amante, le deja en el Club Abermale una tarjeta que dice: “A Oscar Wilde, que alardea de sondomita”. La atroz falta de ortografía persiste imborrable en esta historia, como una burla más. Cansado de la persecución del Marqués, Wilde le entabla una querella.

Queensberry prueba el delito que acusaban sus palabras: gross indecency, indecencia grave; y es absuelto. Para ser tal, toda difamación exige una falsa imputación. Los roles se invierten y es Wilde ahora el demandado. Comienzan dos largos procesos que conducirán a Oscar a los anhelados secretos que le reservaba la otra mitad del jardín. “Mató ese hombre lo que amaba y su destino era morir”, grita La Balada de la cárcel de Reading (1898), escrita en los años de prisión que seguirían.

Durante los procesos, se leen largos pasajes de sus escritos. Varios pasos por delante de su tiempo, Oscar Wilde ya había desarrollado la teoría del arte que hoy nadie se atreve a cuestionar: no existe tal cosa como un libro moral o inmoral. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo. Revelar el arte y ocultar al artista, tal es el objetivo del arte.

Sabía que del Arte son los grandes arquetipos, en comparación con los cuales las cosas existentes no son sino copias inconclusas.

Borges siempre admiró a Oscar Wilde, y reiterados son los homenajes que le rindió. La traducción de El príncipe feliz, con sólo nueve años, basta para atestiguarlo. Pero acaso su homenaje preferido sea uno apenas más secreto y personal, contenido en su cuento Tema del Traidor y del Héroe.

Curiosamente, la acción transcurre en Irlanda. Las circunstancias del crimen de Fergus Kilpatrick, héroe asesinado en la víspera de la rebelión victoriosa que había premeditado, son enigmáticas. Ryan, su bisnieto, se avoca a estudiarlas. Descubre que ciertas palabras de un mendigo que conversó con Kilpatrick el día de su muerte, fueron prefiguradas por Shakespeare.

Kilpatrick es señalado como conspirador en el cónclave que él mismo preside. Implora que su castigo no perjudique a la patria. Se decide que el traidor debe morir a manos de un asesino desconocido, en circunstancias tan dramáticas que preparasen la rebelión. Urgidos por el tiempo, no saben inventar los pormenores de la ejecución y plagian a Shakespeare, repitiendo escenas de Macbeth y de Julio César. La representación pública y secreta dura varios días, el teatro es la ciudad entera. Ryan descubre, pasmado, algo inconcebible: la historia había copiado a la literatura.

“La Vida imita al Arte y es, por decirlo así, el espejo, en tanto que el Arte es la realidad”, había enseñado Oscar Wilde.

Pero Ryan y Kilpatrick son personajes de una ficción que repiten los detalles de otra, mucho más antigua. Los límites entre Arte y Vida se desvanecen en un laberinto sutil. El delicado juego de espejos y velos ya no es tan fácil de reconocer. Acaso nunca sea fácil de reconocer.

Miramos hoy al cielo y sabemos de lunas de plata y de soles fluctuantes, que al alba sigue otra alba y envejecen las noches porque el poeta así nos lo ha contado. El gran artista inventa y la Vida —y la Naturaleza— trata de copiarlo.

Luis Antonio de Villena describe la vida de Oscar Wilde al salir de la prisión como el lento y artístico camino de un suicidio. Muere en la pobreza añorada, convertido en uno de sus propios personajes, prefiriendo siempre lo más trágico.

Artículo escrito por Miguel Sardegna y publicado en la revista Axolotl.

Más información en Wikipedia.

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El pensamiento paranoide

El sufijo "oide" significa semejante, por eso se designa como paranoide a la persona que presenta rasgos atenuados que hacen recordar a la psicosis delirante paranoica.




Desconfianza

El rasgo paranoide se caracteriza por girar alrededor de un núcleo que es la desconfianza. La falta de confianza, en última instancia, es un problema de fe. En la fe, que es el fundamento de la creencia, no hay lugar para la duda o el análisis, es creer sin que importe entender. Si bien tiene su máxima expresión en lo místico y religioso, la fe se enseñorea en todos los terrenos de lo mental. Somos personas confiadas, confiamos en nuestro entorno, confiamos en que la rutina que tuvimos a lo largo de nuestra vida se va a repetir en el día de hoy, y luego en el día de mañana y así sucesivamente.

Hay una confianza básica, ingenua, en el sistema y en el medio que vivimos. También tenemos confianza en el resto de la gente; más allá de la crítica que podemos hacer, básicamente confiamos en nuestra comunidad, en nuestros familiares. De no existir esa confianza, esa fe, el grupo se disgregaría. Es una confianza ingenua, porque si nos ponemos a analizar, sólo se basa en la repetición, en la costumbre, y eso es lo que descubre el paranoide. Es un hombre o una mujer que se planta frente al consenso y se pregunta el por qué de las bases de ese consenso y obtiene una conclusión negativa: que no estamos asentados en una comunidad que pueda darle tranquilidad absoluta y que las personas que lo rodean pueden ser potencialmente sus enemigos, no son leales o fieles. Aquí falta entonces la adhesión al sistema de creencias común, a lo consensuado.

Abuso del razonamiento deductivo

Si alguien desconfía de un sistema de creencias consensuado, evidentemente debe formar, si no se desmorona como persona, su propio sistema de creencias. Éste se va a basar en un uso abusivo del razonamiento, de la interpretación, que formará una posición muy particular en relación con el resto de las personas. Utiliza básicamente un tipo de razonamiento deductivo que parte de un prejuicio, por ejemplo: “Me quieren perjudicar”, que los hechos particulares sólo confirman o no. Es este prejuicio el origen de muchos de sus juicios falsos, y hace que interprete las acciones de los demás como rebajantes, amenazantes y hostiles; en consecuencia, siempre son obstinados, rígidos y están a la defensiva.

"El pensar razonado es el juez infalible sobre el ser o el no ser. Ninguna cosa inmediata debe aceptarse de por sí como real: todo debe «fundamentarse». Sólo es real lo que puede explicarse. Lo que no puede explicarse mediante axiomas libres de contradicción no existe."

Búsqueda de las claves

Los paranoides tratan de buscar las claves que revelan las intenciones de los demás, buscan la segunda intención, la prueba que demuestre que estaban en lo cierto. Dividen a las personas entre los que están con ellos y los que están en contra, no hay términos medios.

Evitación de la intimidad

Se mantienen firmes en su postura; evitan la intimidad por temor a dar información que pueda ser utilizada como arma por sus enemigos.

"Evito la intimidad, el contacto, mantengo un tipo de relación superficial, y por supuesto que voy a ser susceptible, voy a estar alerta ante las actividades de los demás. Detalles que para otros pueden ser cosas triviales, banales, para mí encajan perfectamente en un patrón concatenador de hechos, que pueden llegar a ser indicios de un complot o algo que están tramando en mi contra."

Estado de alerta

Por eso están muy alertas. Se nota en el paranoide, cuando se lo observa, el estado de alerta, de tensión. Es una persona que está en lucha: "olfatea" el ataque, el complot y la infidelidad donde los otros nada ven.

Rencorosos

Son rencorosos, recuerdan los agravios, las humillaciones y los insultos por siempre, y están a la espera del retrueque y la venganza. La sobrevaloración, la intolerancia a la crítica, la autojustificación de los errores, el humor irónico y la necesidad del contrincante (siempre están peleando con alguien), completan los rasgos de esta personalidad.

Desde el punto de vista clásico se caracteriza a estas personalidades por los siguientes items: desconfianza, susceptibilidad, proyección, autorreferencia, grandiosidad. En este caso, "proyección" es atribuirle a los demás intenciones que coinciden con los prejuicios del paranoide.

Grandiosidad

Decimos "grandiosidad" porque tienen su propia manera de ver el mundo y le dan un alto grado de validez respecto de la forma en que lo evalúan los demás.

"La diferencia entre los otros y yo es que pienso; lo que digo lo razono en todos los detalles y las otras personas no. En consecuencia las conclusiones que saco son mejores y verdaderas, lo he comprobado muchas veces. Es así. Mi mujer, por ejemplo, tiene dos neuronas: una para controlar los esfinteres y la otra para mantener el equilibrio. Si usa una de ellas la otra se descontrola, o se hace pis o se cae al piso. Así que opta por no usarlas, no pensar."

El porte

Si lo describimos, observamos que es muy detallista, puntilloso; es una persona de porte prolijo, no es un desaliñado o un bohemio: es atildado y conserva una postura erecta, desafiante; la mirada es hacia los ojos, de estudio. Mira a los ojos o de costado. Los rasgos suelen ser duros, el entrecejo ceñido. Inspira respeto. Cuando está frente a nosotros nos estudia, sentimos la sensación de estar rindiendo examen. Sopesa constantemente lo que decimos, cómo lo decimos, y sobre todo cómo nos dirigimos a él. Se considera una persona respetable y de valor. No es conveniente tutear a un paranoide, hacerlo esperar o no mantener ciertas reglas mínimas de cortesía.

Un hombre de dos caras

Si tenemos oportunidad de hablar con un familiar, vamos a encontrar un rasgo cuya descripción aún no he hallado en la literatura: el paranoide tiene una conducta bifronte: tiene un tipo de conducta para los allegados y otra muy distinta para los otros.

"En casa siempre está malhumorado, poco comunicativo, pero con sus amigos o en el trabajo es otra persona: hace bromas, charla con todos, se hace querer."

"Hay algo que me da mucha bronca de mi padre, en casa lee el diario, mira televisión, siempre con mala cara. Si cualquiera lo llama por teléfono, se convierte en otra persona, es parlanchín, chistoso. Cuelga el tubo y vuelve a tener mala cara."

Respeto por la jerarquía

Otro rasgo es el respeto por la jerarquía. A pesar de la desconfianza, el paranoide valoriza mucho la jerarquía. Es éste un elemento muy importante para ser tenido en cuenta por el psicoterapeuta. Tienen un sistema de jerarquías, respetan a unos y desvalorizan a otros. Y así en todos los ítems de la vida. En la familia o en el trabajo, por ejemplo, respetan sólo a las personas a las que les atribuyen cualidades suficientemente valiosas. Al resto los descalifican. Sólo consiguiendo el respeto de un paciente paranoide podemos realizar un tratamiento eficaz. Y esto depende, amén de nuestra personalidad y conocimientos, de una actitud franca y coherente, sin ocultamientos (es un experto en captarlos), y del trato que le dispensemos. "Para conseguir respeto hay que tenerlo", decía Baruch Espinosa.

Autor: Dr. Hugo R. Marietán

Comentario

Las personas con trastornos de personalidad generalmente no son conscientes de que su comportamiento o sus patrones de pensamiento son inapropiados; por el contrario, a menudo creen que sus patrones son normales y correctos. Como afirma el psiquiatra Alfredo Cía, ahora hay medios efectivos que pueden ayudar a solucionar el problema.

"Hoy en día la gente está mucho menos dispuesta que en el pasado a confiar en los otros", afirma.

Agrega que "los medios de comunicación en las sociedades contemporáneas occidentales podrían estar promoviendo los sentimientos de paranoia".

"La gente necesita darse cuenta de que este tipo de pensamientos no son raros, y si provocan angustia, hay muchas herramientas que pueden ayudar", indica.

Probablemente, muchos de nosotros conocemos a alguien que padece este comportamiento psiquiátrico patológico y no lo sabíamos.

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63 años con Bob

Robert Nesta Marley nació el 6 de febrero de 1945 en Nine Miles, localidad de Saint Ann Parish, Jamaica. Hijo de un capitán del ejército británico -Norvel Marley-, y de una africana -Cendella Marley Booker- que, con tan sólo 18 años, llegó a la isla en los primeros años del siglo XX.



El rey del reggae, el profeta rastafari, el icono jamaiquino por excelencia, falleció el 11 de mayo de 1981 en la habitación de un hospital de Miami, a los 36 años y víctima de un cáncer irreversible. Fue cantante, guitarrista y compositor. Adepto al movimiento rasta, popularizó el reggae por todo el mundo.

Debido a su mala situación económica, la familia decidió viajar a la capital de Jamaica, Kingston, en busca de mejores expectativas de vida. Ghettos, poblaciones y hacinamiento verían crecer al ídolo jamaiquino.

En 1961 formó The Rudeboys. A los 16 años grabó su primer tema, Judge Not, para el sello Kong Beverley, y en 1964 armó su primera banda junto con sus amigos Neville O'Riley Livingston -Bunny- y Winston Hubert McIntosh (conocido más tarde como Peter Tosh). Así nacía el mítico grupo The Wailing Wailers.

Acuciado por la falta de recursos económicos, a los 21 años emprendió viaje hacia los Estados Unidos, de donde escapó luego de recibir la citación del ejército para combatir en Vietnam.

Nuevamente en Jamaica, Marley reunió a su viejo grupo y registró -a fines de 1967 y principios de 1968- once temas, entre los que estaba Bend Down Low, que alcanzó el primer puesto del ránking en la isla. En 1972 trabó amistad con Chris Blackwell (propietario del sello Island Records) y en poco tiempo editó los álbumes Catch a Fire y Burnin'.

De ese trabajo, el guitarrista Eric Clapton tomaría más tarde el tema I Shot the Sheriff para incorporarlo a su disco "461 Ocean Boulevard". Por entonces, Marley se afirmaba como líder de The Wailers, actitud que despertó los recelos de Livingston y Tosh, quienes abandonaron la banda en 1974.

En 1975 y con la nueva denominación de Bob Marley & The Wailers, fue lanzado el álbum Natty Dread, quizás el de mayor reconocimiento de su carrera.



Un año después, la canción No Woman No Cry se transformó en himno "rasta", simbolizando el ideal mítico de la vuelta de los negros al Africa y la rebeldía ante la opresión.

Música y religión, "ganja" (marihuana) y libertad, fueron paradigmas que convivieron en Marley, ya por entonces el principal exponente de un género que reunió a figuras como el propio Tosh y Jimmy Cliff, entre otros.

La adicción de Marley a las drogas no le impidió liderar su banda en una serie de conciertos realizados en Inglaterra durante el año '77, en el marco de una gira tumultuosa en la que varios recitales fueron cancelados por temor a los posibles disturbios.

En 1978 editó Exodus, y dos años más tarde encaró su último y más exitoso periplo europeo con recitales en Irlanda, Alemania, Noruega y España, entre otros países.

En octubre de 1980, mientras preparaba una gira por los Estados Unidos junto con el compositor Stevie Wonder, sufrió un desmayo y fue internado en un hospital de Nueva York.

Meses después fue premiado por el gobierno jamaiquino con la Orden Honorífica al Mérito, homenaje que recibió pese a su inconciliable enfrentamiento con el poder político de su país.

Su funeral se realizó con todo los honores de una celebridad. Marley murió, pero su mito aún sobrevive.



Todavía hoy, su música se sigue bailando y celebrando en el aire. El reggae está vivo y eso es seguramente lo que Bob debe haber deseado, cuando los enviados de "Jah" -Dios y profeta de los rastas- le cerraron los ojos para siempre.

Basado en un artículo publicado por el diario EL DIA.

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