Una pequeña paz en la Gran Guerra

Flandes, diciembre 1914: sin novedad en el frente. Soldados alemanes en un bando y en el otro lado ingleses, franceses y belgas se enfrentan en una guerra de trincheras sin misericordia, apenas distanciados por unos cien metros.

La línea del frente entre el mar del Norte y la frontera suiza se ha paralizado.

Los franceses supieron evitar una posible brecha de las tropas alemanas con una acción realmente aventurada, cuando unos 6.000 taxistas de París consiguieron transportar, mediante una especie de sistema “estrella”, a 30.000 soldados hasta aquel lugar del frente.

Europa estaba en guerra desde el mes de agosto, y se la denominaba “la grande” –y sólo decenas de años más tarde se la catalogaría como la 1ª Guerra Mundial–, ya que nadie se podía imaginar que después de esta gran guerra, tendría lugar otra batalla aún más sangrienta entre las naciones.

El entusiasmo inicial por la guerra ya había desaparecido desde hacía tiempo. Cientos de miles de jóvenes soldados habían fallecido mientras tanto.

La tierra, ablandada por las lluvias caídas durante muchas semanas, estaba profundamente helada.

La nieve cubría los cadáveres que nadie se atrevía a rescatar por miedo de ser abatido por los disparos de cualquier bando.

Sin embargo, en la mañana del día de la Nochebuena ocurrió algo sin precedentes.

Durante el transcurso de la mañana, a lo largo y ancho de todo el frente occidental, los soldados iban depositando sus armas en el suelo.

Se enseñan en lo alto acá y allá unos letreros de cartón, rápidamente confeccionados, en los que se podía leer:


Merry X-Mas o Frohe Weihnachten (Feliz Navidad)
WE NOT FIGHT, YOU NO FIGHT (no luchamos, ustedes tampoco)

Los primeros valientes salen de sus trincheras, nadie dispara un tiro. Enseguida otros siguen su ejemplo, pronto todos.

Como primera medida se entierran conjuntamente los soldados muertos de ambos bandos, que se encuentran desde hace semanas en la tierra de nadie.

Cuando oscurece, se iluminan unos abetos sobre los alambres de espino. Los enemigos de ayer cantan unidos el mensaje de Navidad, cada uno en su idioma, canciones de paz en la tierra.



Al día siguiente se intercambian unos regalos. Los hombres muestran fotos de sus familias, beben y comen juntos e incluso juegan al fútbol. Conversan como amigos, unos soldados enemigos visitan a los otros, en sus trincheras y refugios, para jugar a las cartas y unas partidas de ajedrez.



Muchos se agregan a este hermanamiento espontáneo y rápidamente se ponen de acuerdo: Fin de la guerra, no more war, à bas la guerre.

Sin embargo, dos días después, y a raíz de una orden del mando superior, todo se acabó.

A los "señores" de la guerra de ambos lados, instalados en la comodidad de sus despachos y lejos del campo de batalla y del ruido de las balas, la calma les inquieta. La paz "amenaza" y este no es su negocio.

Quien no dispare, debe ser castigado.

Pero durante estos dos días de Navidad, ningún subordinado obedece dichas órdenes y aquellos que igual quieren disparar, son desarmados por sus compañeros.

El tercer día disparan mutuamente por encima de las cabezas, previo acuerdo. Esta situación, por desgracia, duró muy poco y volvió a empezar la rutina diaria sangrienta y sin sentido de los asesinatos decretados. Todo se extendió hasta 1918 y costó la vida de millones de personas.

Esta historia de los dos días de Navidad de 1914 es un acontecimiento histórico y único, que está reflejado en los libros de historia de la 1ª Guerra Mundial, pero la verdadera historia, la de los seres humanos que compartieron aquellos momentos, nunca había sido contada correctamente.

La historia del milagro navideño en la tierra de nadie está hecha con la materia de la que proceden las leyendas, porque se trata de una nostalgia eterna (y nunca cumplida) del hombre que busca la paz en vez de la guerra, que lucha por una vida sencilla y digna en lugar de una muerte heroica.


Una foto histórica, publicada el 8 de enero de 1915, que llamó la atención al mundo: soldados británicos y alemanes fotografiados juntos.

El autor del libro donde se narran estas historias, Michael Jürgs, ha investigado minuciosamente y consultado los libros de los diarios de los regimientos en los distintos archivos de Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania. También ha entrevistado a los bisnietos de aquellos hombres, que celebraron entonces las fiestas de Navidad, y que tuvieron la fortuna de sobrevivir a la guerra y cuya historia se ha ido transmitiendo en sus familias hasta hoy y seguirá contándose a las próximas generaciones.

La historia fue llevada al cine, en el 2005, bajo el nombre de Joyeux Noël.

Extraído de: L'Hospitalet de Llobregat

Don Atealgo 12/12/2007 10:58 a. m.  

Si mal no recuerdo en el video de una canción de Paul McCartney se muestra algo similar no?

Berch,  12/12/2007 11:29 a. m.  

muy bueno, todavía estamos a tiempo para cambiar como especie, mejor resolver los problemas hablando que a los balazos

Publicar un comentario

Los comentarios están moderados, no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Gracias por dejarme tu opinión.